¿Cómo es estudiar ingeniería Biomédica?

Javier Romero Martín Portugués enero 11, 2026

Mi nombre es Javier y entre muchas otras cosas, soy un estudiante del Grado de Ingeniería Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid. Actualmente me encuentro en mi último año de grado, que finalmente ha llegado a cinco y a lo largo de este artículo compartiré mi paso a través de la universidad, poniendo el foco no tanto en el estudio, sino en todo el contexto y en reflexiones que vienen a raíz de ello.  Quizá el que esté leyendo este artículo haya pasado, esté pasando o llegue a pasar por esta experiencia, y es por ello que lo escribo. Saber qué caminos han tomado otras personas, al menos a mí, me hubiera ayudado.

¿Cómo elegí esta carrera?

Empecemos por lo básico. En España el sistema de elección de estudios está ligado a un examen general sobre el contenido de la educación secundaria, lo cual indica que hay estudiantes que no podrán llegar a la ingeniería que buscan por falta de interés en filosofía o historia. Esto es un tema aparte y no lo tocaré más, pero recurriré a ello para hablar acerca del primer curso del grado.

Cuando te encuentras estudiando el bachillerato, por lo general existen grandes carencias en cuanto a información acerca de qué te ofrece cada grado y cada universidad a nivel académico y personal. En especial, en una ciudad como Madrid, que la oferta universitaria es tan grande, se hace inabarcable para jóvenes menores de 18 años. Debido a esto, dependiendo de dónde hayas estudiado la preparatoria, tu familia y tus amistades, tendrás un gran sesgo de información que restringirá finalmente tus opciones reales de elección, a pesar de que dispongas de todas con suficiente nota en la selectividad.

Yo era un estudiante con ambición por llegar a participar en grandes proyectos en el futuro, por lo que aspiraba a unos estudios con los que poder tener proyección personal y profesional. Desde un inicio me llamaba la atención la línea de investigación acerca de la medicina y el cuerpo humano, por lo que tenía la idea de que quizá la farmacia era mi camino.

Sin embargo, se juntaron dos factores que me hicieron reconsiderar la decisión: mi entorno, lleno de personas que aspiraban a estudios de ingeniería; y el marketing de las universidades. Casualmente, la ETSIT UPM organizó una sesión informativa para la asignatura de tecnologías industriales de mi instituto, además coordinar con mi profesor de aquel entonces para hacer una visita guiada presencial. Eso hizo que plasmase la poca información de la que disponía en espacios y personas reales, en lugar de hablar de nombres de grados en espacios virtuales. Finalmente, como persona joven tomé la mejor decisión posible, que es orientar mis estudios a un campo interesante, con gran proyección de futuro y ubicados en una localización que ya me habían introducido, quitando un poco el miedo a lo desconocido. Y así fue como elegí el grado de Ingeniería Biomédica.

¿Hay un gran cambio entre el bachillerato y el primer año de universidad?

A mi parecer, sí. Hay un gran salto reconocible en el paso del instituto a la universidad. Se pasa directamente de tener un trato más o menos personalizado con tus profesores, ya sea a modo de apoyo, de atención o de propia cercanía personal; a una distancia clara con los profesores del primer curso del grado. Los profesores pasan de ser guías con un plan didáctico a ser figuras impersonales que siguen un plan de trabajo que no siempre se adapta a los alumnos. El primer año se siente como un marco teórico genérico para el que no acabas de ver aplicación alguna durante todo el año, pero se aguanta porque al final en cuanto a concepto, es muy similar a estudiar filosofía o literatura en secundaria.

No obstante, opino que se podría recortar mucho contenido de base teórica en los primeros años haciendo que las pruebas de acceso a la universidad se enfoquen en el grado que se va a cursar y de ese modo se pierda la sensación de que el primer año del grado se trata de un tercer año de bachillerato. Conociendo ahora cómo es todo el grado en su totalidad, sé que la gran mayoría de contenido de primero es una base que luego no se utilizará en ninguna de las aplicaciones de cuarto. En aquel entonces me preguntaba qué utilidad tendría toda esa base teórica, y actualmente lo sigo haciendo.

También es un choque el hecho apreciar cómo la universidad es un entorno tan abierto para todo tipo de personas pero desconocido en el sentido de que no sabes cómo explotar su potencial ya que no hay una guía para eso. Si solo acudes a clase por las mañanas y te vuelves a casa, no vas a ver más allá, pero en cuanto te paras a ver los detalles, te das cuenta de que la gente pasa tiempo en la universidad y no únicamente para estudiar. Ves personas por los pasillos dando vueltas en grupo constantemente, con asuntos entre manos que no son los exámenes para los que aún quedan semanas.

La universidad no siempre es lo que esperas

Fotografía de una clase del grado de biomédica.

Como aclaración a las personas que no son de España. Aquí existen dos tipos de evaluación, una evaluación continua que consiste en una serie de actividades como parciales y trabajos, repartidos durante el año. Y la evaluación global; un solo examen que evalúa toda la asignatura de golpe.

Una vez te encuentras sumergido en el grado es muy fácil perderse en la evaluación continua. y no pararse a aprovechar las oportunidades que te ofrece la universidad. Sin embargo, en mi caso, desde el principio he buscado alternativas para ir más allá (hablo de ellas en la siguiente sección).

Los primeros cursos fueron una carrera de desgaste en la que seguías confiando en que al final del túnel, ya en tercer curso del grado, se empezase a enfocar más hacia la ingeniería y se distanciase del modelo de estudio del bachillerato. Pero eso no se llegó a dar, al menos no lo percibí. Primero y segundo no se salvan, excepto algún caso raro, de ser materias casi íntegramente teóricas con simulaciones prácticas que se siguen sin salir del marco teórico.

El mayor problema que enfrenté fue en el tercer curso. Quizá tenía las expectativas demasiado altas, en parte porque el temario pintaba que se iba a salir de la teoría e íbamos a empezar con proyectos reales. Este problema fue la desmotivación, con la que debía lidiar cada mes que pasaba ya que no encontraba ningún remanso de interés en el que apoyarme. Cada vez las redundancias de temario se hacían más pesadas y los seminarios teóricos de contenidos, que no aportaban un valor real al estudio del examen, hacían que la asistencia a clase se sintiese una pérdida de tiempo.

No os voy a engañar, para mí, el grado no ha supuesto un reto de dificultad real en ningún momento, era más un reto de resistencia. Clases que se consideran bastante “complicadas” son realmente clases que introducen un número de conceptos teóricos que la mayoría no puede soportar, y da la sensación de que: o eres “inteligente” o tienes que despedirte de tu tiempo libre para llegar a pasar la materia.  Siento lástima, porque no todo ese volumen de teoría ha dejado en mí algo que pueda utilizar en el futuro. Y aunque he aprendido grandes lecciones en la universidad, no era lo que estaba buscando en una ingeniería.

Actualmente me encuentro cuarto y estoy recibiendo clases que siento que encajarían como introducción a la carrera y que le habrían venido estupendamente a mi yo del pasado para seguir con la motivación por sus estudios, pero ahora es demasiado tarde. En mi opinión, no creo que la mayoría del contenido de los primeros cursos sea relevante para poder desempeñar las tareas que se piden en los cursos superiores y eso es una pena.

Más allá de las clases

La gran suerte que tenemos en la ETSIT UPM, es que hay una gran proactividad estudiantil por proyectos externos a los estudios, ya sean iniciativas de la universidad o asociaciones estudiantiles. Aprecio el apoyo de la Escuela porque exista esa vida universitaria; conozco la situación de otras universidades y no es ni mucho menos similar a lo que existe aquí. A lo largo de mi paso por la universidad he podido tomar parte en diversas asociaciones de estudiantes, lo que me ha permitido conocer a personas con ambición por no quedarse en el mínimo, al igual que yo, y que me ha permitido desarrollarme personalmente en todos los ámbitos.

Creo que este factor ha sido determinante en que la motivación no se haya caído completamente, ya que, a pesar de no haber cumplido todas mis expectativas de forma académica, lo he hecho con creces en este ámbito. Además, considero que cualquier estudiante que tiene una experiencia paralela a los estudios va a diferenciarse completamente de uno que únicamente se dedique a estudiar, aunque este segundo obtenga mejores calificaciones. Es por eso que no puedo dejar este artículo sin mencionar las asociaciones:

IAESTE

Desde mi primer año de carrera tuve la oportunidad de formar parte de la asociación internacional IAESTE, que se dedica principalmente al intercambio de estudiantes de prácticas remuneradas. Se trata de una organización de estudiantes que funciona a modo de grupo de trabajo con la finalidad de llegar a acuerdos de colaboración con entidades que quieran becarios de prácticas. Además, existe una organización interna para la asignación de prácticas para los colaboradores, así como subgrupos de trabajo que necesitan coordinación.

En ese primer año pude asistir a las conferencias nacionales de IAESTE y desde entonces empecé a conocer a gente de otros ámbitos de estudio y con las mismas ambiciones y aspiraciones que yo. Esto hizo que sintiese un vínculo con la asociación y quisiera implicarme en cargos de responsabilidad.

A partir de ese momento comencé a ganar habilidades de organización de equipos, de mediación y de oratoria, así como adquirí consciencia acerca del coste de oportunidad. Todo este aprendizaje fue en aumento a medida que me iba enfrentando a dificultades y retos para que la asociación siguiese activa y con perspectiva de futuro. Y por último, gracias a IAESTE he tenido la oportunidad de realizar prácticas en tres países completamente diferentes entre sí, siendo Ecuador, India y Japón. Esto me ha aportado un crecimiento personal y profesional enorme, así como me ha permitido tomar oxígeno y motivación para los estudios y explorar cómo aprovechar mejor el aprendizaje que pueda obtener del grado. Esta experiencia complementaria a mis estudios ha expandido la manera que tenía de entender el conocimiento académico y la manera de llevarlo al mundo real, por lo que siempre recomendaría a cualquier estudiante que lo viviese al menos una vez.

ECO de Teleco

La segunda asociación que captó mi interés en la universidad fue la revista universitaria Eco de Teleco. Desde el principio me pareció una iniciativa interesante la de permitir a los estudiantes expresar su manera de ver la universidad a través de las páginas de la revista, aunque no fue hasta mi tercer año que finalmente acabé por formar parte del equipo redactor.

Aquí busqué desarrollar la faceta creativa que considero imprescindible para ser un buen ingeniero, y precisamente esa cualidad no hay mejor manera de desarrollarla que enfrentándose a generar contenido desde cero que sea vistoso y atractivo para los demás. Esto te ayuda a pensar fuera de la caja y a desarrollar pensamiento crítico y no acomodarse con lo existente, ya que todo puede mejorarse y es una cuestión de tomar las herramientas de las que dispongas y empezar a maquetar soluciones.

Esta asociación no solo me aportó a nivel pragmático habilidades de diseño y creación de contenido, sino que resultó descubrirme un grupo de gente con la que me podía expresar libremente y que me hizo sentirme más cómodo en el espacio de la universidad y que me ofreció una segunda casa a la que acudir.

Nota del editor: Si quieres saber más del ECO de Teleco y ver el proceso de elaboración de una revista, puedes ver nuestro otro artículo: El trabajo detras de una revista.

Un poco de SPAM

Durante estos años en la universidad, y pasadas todas las experiencias y algunas más que no viene al cuento detallar, están desbordando mis ganas por tomar nuevos proyectos y retos en el ámbito profesional. Esto se ha sumado a el descubrimiento de que la Ingeniería Biomédica en España todavía está muy poco incluida en el registro de ingenierías “serias”, a diferencia de otros países europeos y de otros continentes. El origen que ha tenido la disciplina en España ha sido a raíz de otras ingenierías, y dependiendo de dónde se estudie va a tener una influencia u otra. Por ejemplo, en la ETSIT UPM, la influencia de la Ingeniería de Teleco es clara, pero esto hace que quizá los estudios no tengan la consistencia necesaria para que se reconozcan.

Esto me hizo plantear una idea: crear un espacio común para toda la Ingeniería Biomédica en España, que sirva de lugar de reunión de opiniones y de debate, así como haga aflorar el interés de los estudiantes en su campo, en caso de que no sepan hacia dónde orientar su carrera. La idea consistiría en llevar las experiencias de estudiantes, profesores y cualquier entidad relacionada con el campo para que exista un remanso de reconocimiento de esta ingeniería a nivel local.

¿Y qué mejor manera de llevar un conocimiento a los hogares que a través de un pódcast? Los pódcast son programas de vídeo o audio que dirigen su contenido a una temática de interés en concreto. Para llevarlo a la práctica habría que crear un formato fácil de entender y digerible para cualquier tipo de público, centrándonos más en un público con un mínimo de conocimiento previo, aunque no necesario en la Ingeniería Biomédica. Así fue como surgió El Proyecto Bio, un programa que bebe del formato de The Wild Project y busca tratar temas del campo con invitados de alguna manera relacionados con la Ingeniería Biomédica.

Gracias a mis amigos y esta plataforma, pude llevar una idea a la realidad, ya que él puso los medios de realización, y con la buena acogida del proyecto, incluso antes de su lanzamiento oficial, tenemos ideas de programas para el futuro. Desconozco el rumbo que tomará el proyecto de aquí a unos meses, pero me gustaría que ese lugar de reunión que pretendemos crear tenga un impacto positivo en el desarrollo de la Ingeniería Biomédica en España y quizá en otros lugares.

Un poco de reflexión antes del final

Sé que este artículo puede parecer un poco desalentador en algunas partes, pero les quiero aclarar que aún con las cosas malas que he comentado, la experiencia de haber cursado la carrera, conocer gente nueva y entrar en diferentes actividades extracurriculares, es algo de lo que no me arrepiento. Y aunque ya me quede poco para terminar mi grado universitario, pretendo seguir con proyectos que me llenen y me sigan aportando un aprendizaje para satisfacer mi ambición.  

Desde mi posición insto a cualquier estudiante, ya sea de la especialidad que sea, que se atreva a tomar riesgos y a comprometerse con proyectos durante el paso de la universidad, porque es la mejor manera de enfrentarse a retos y así llevarse grandes aprendizajes para su vida. Sé que es difícil compaginar los estudios con otros proyectos, pero precisamente solo eso, ya hace que ganes mucho valor a nivel organizativo.

Por último, quería dar las gracias a Sergio, Camila y el resto del equipo de MïTHA por el espacio y por su predisposición a apoyarme con ideas como El Proyecto Bio.